Moda sostenible

Fast fashion, desfilando al abismo

El término “fast fashion” se refiere a las colecciones de ropa de bajo coste que imitan las últimas tendencias en el mundo de la moda. Esta “moda rápida”, producida contrarreloj, ayuda a saciar los deseos de los consumidores en el mundo industrializado, a pesar de generar una dinámica insostenible.

En el artículo de hoy analizamos el concepto fast fashion: su origen, las repercusiones en la industria textil y el impacto en nuestro entorno; todo ello de la mano de Slow Fashion Next, un grupo internacional de profesionales expertos en moda, sostenibilidad, emprendimiento y negocio.

Tendencias cambiantes, demandas exigentes

La cultura popular tiene un impacto enorme en las tendencias de moda: todo lo que se muestra en el mundo del cine, la televisión, la música o las redes sociales está constantemente expuesto y al alcance de los consumidores. Su respuesta es inmediata: ante una tendencia popular, surgen el deseo y la demanda de productos acordes.

El problema es que las tendencias cambian a un ritmo muy rápido e imprevisible. Por lo tanto, el reto de las empresas consiste en identificar un estilo popular y darle respuesta en forma de producto antes de que pierda interés y, sobre todo, antes que sus competidores. Así es como surge el sistema “fast fashion”.

La demanda de los consumidores es el punto de arranque del fast fashion.

Cambios en la industria textil

Como consecuencia de esta demanda tan exigente, el mundo de la moda se ha transformado en los últimos años. Estos son algunos de los cambios fundamentales que se han implantado en las compañías para sumarse al sistema “fast fashion”:

Rapidez y agilidad

En primer lugar, las empresas se han visto obligadas a generar cadenas de producción rápidas, flexibles y capaces de lanzar colecciones completas en tiempo récord, todo ello para dar respuesta a los consumidores.

Más variedad

En segundo lugar, las empresas se han ido alejando del antiguo modelo basado en la planificación estacional. Actualmente, apuestan por la creación de múltiples colecciones más pequeñas pero que se renuevan con mayor frecuencia. Empresas como Zara, por ejemplo, abastecen sus tiendas con nuevos productos hasta dos veces por semana.

Además se reduce el número de prendas fabricadas por cada diseño, a cambio de mayor variedad.

Prendas de vida más corta

El punto anterior se traslada en prendas con un ciclo de vida muy corto, pues otras tendencias las reemplazarán con nuevos productos que se ajusten a lo que los consumidores soliciten.

El fast fashion empieza a ser considerado uno de los principales problemas medioambientales de nuestra época.

Los problemas del modelo fast fashion

“El sistema actual de producción y consumo de moda conocido como fast fashion es un sistema insostenible que se basa en una venta masiva de productos de bajo valor que han costado muchos recursos naturales (como el agua), que ha consumido mucha energía, que no aporta valor social, y que nos ponemos solo una media de 6 veces“, nos explica Gema Gómez, Fundadora y Directora de Slow Fashion Next.

Consumismo en aumento

La necesidad de mantenerse a la moda lleva a los clientes a visitar las tiendas con más frecuencia y por lo tanto a comprar más a menudo. Además, como hemos explicado, el ciclo de vida de los productos es mucho menor y rápidamente son sustituidos por otros diferentes. Gema nos advierte: “Lo peor está por venir porque los mercados emergentes están consumiendo de la misma manera que nosotros hemos consumido”.

Gasto de recursos y contaminación

La creación de cada prenda tiene un impacto en el entorno que a menudo desconocemos. Y las cifras sorprenden: Gema nos explica que para producir el algodón de una simple camiseta –es decir, 250 gramos de material–, se necesitan 2700 litros de agua.

Relaciona estos datos con los el inminente aumento del consumo en países emergentes y añade: “Se esperan incrementos de consumo de agua, energía, etcétera altísimos; por ejemplo para el 2030 McKinsey prevé un crecimiento del 77% en las emisiones de CO2. Sabiendo que a día de hoy el Banco Mundial estima que la industria textil es la responsable del 10% de misiones de CO2, esto es una locura”.

Claramente, los precios bajos que fomenta el modelo fast fashion no recogen estos costes ambientales. Y tampoco los del capital humano.

Presión a los proveedores, pésimas condiciones laborales

El modelo fast fashion requiere, como su nombre indica, rapidez. Y toda la presión se traslada a los proveedores, que deben fabricar y enviar las colecciones a un ritmo cada vez mayor. Esto se plasma en condiciones laborales abusivas.

“Se estima que unos 75 millones de personas trabajan en la industria de la moda –nos cuenta Gema–  y el 80% son mujeres, entre 18 y 24 años, estando muchas de ellas sujetas a explotación: abuso verbal, discriminación, trabajo en condiciones inseguras con un salario muy bajo”. Es lo que se conoce como esclavitud moderna.

Casos tan sonados como la tragedia del Rana Plaza (Bangladesh, 2013) que ocasionó la muerte de más de 1000 trabajadores de una fábrica textil, son apenas un atisbo de lo que sucede.

La búsqueda de un modelo alternativo, respetuoso y sostenible

Estos son solo algunos de los problemas que el actual modelo de producción textil trae consigo. Desde Slow Fashion Next trabajan para transformar los impactos de la moda en una herramienta de cambio positivo social y medio ambiental.

Slow Fashion Next trabaja para difundir proyectos de moda con impacto positivo.

La web de Slow Fashion Next se hace eco de proyectos que miden y controlan sus impactos ambientales y apuestan por una cadena de producción ética. Además, cuenta con un amplio catálogo de proveedores sostenibles, un recurso imprescindible para las empresas que buscan implementar comportamientos responsables en todos los eslabones de la cadena.

Los recursos que ofrecen son fantásticos: amplia información sobre certificaciones, consejos para iniciar un proyecto de moda alternativo, formaciones específicas relacionadas con el mundo de la moda y la sostenibilidad… Podéis consultar aquí todos los cursos que imparten.

Gema Gómez, fundadora y directora de Slow Fashion Next

¿Y qué pasa con los consumidores?

Preguntamos a Gema por el perfil de aquellos consumidores que, como ellos, conocen lo insostenible de la industria: “Los consumidores conscientes demandan moda actual, divertida que se puedan poner en su día a día y que no vaya asociada a estos problemas ambientales que comentábamos y a otros de tipo social”. Además,  “está comprobado que el consumidor consciente es un consumidor fiel y esto es una gran noticia”.

Conclusión: El reto hacia la sostenibilidad

El mayor reto al que se enfrentan los proyectos alternativos es “conseguir crear marcas con valor en un mercado tan saturado y donde el consumidor consciente es un porcentaje todavía muy pequeño, ya que para cubrir sus costes y tener una empresa rentable se requieren precios mayores que los del fast fashion”.

Lo bueno de todo esto, nos explica Gema, es que una vez que el consumidor entiende el valor de estas propuestas se convierte en un cliente fiel, porque son sus propias conclusiones las que le han llevado a ese tipo de consumo.

“Una vez está el trabajo hecho, no hay que volverlo a hacer”, concluye.

Os animamos a revisar otros proyectos de ropa sostenible como Petit Pli,

Para descubrir más sobre Slow Fashion Next, puedes visitar su página web. Eco Sostenible quiere agradecer a Gema y a Rachel sus aportaciones para este artículo. 

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