Zero waste

Pajitas en cifras: origen, impactos y alternativas

Utilizamos las pajitas para beber transfiriendo el líquido de un recipiente a nuestra boca. Las primeras, fabricadas por los sumerios, estaban hechas a partir de tallos de plantas y se empleaban para filtrar la cerveza al beberla y evitar así los posos de la cebada.

En la actualidad, la mayoría de las pajitas que circulan están fabricadas del mismo material: el plástico.

¿En qué momento comenzaron a distribuirse masivamente? ¿Las pajitas siempre fueron de plástico? ¿Qué ocurre cuando hemos terminado de utilizarlas?

En este artículo trataremos de dar respuesta a estas y otras preguntas para comprender por qué debemos prestar atención a un objeto tan cotidiano e inocente pero que se ha consolidado como uno de los más peligrosos residuos de nuestros océanos.

Las primeras pajitas

Como adelantábamos en la introducción, ya los sumerios utilizaban pajitas para evitar los posos de la cerveza. Las suyas estaban hechas de tallos vegetales y en el caso de personajes acomodados, de metales preciosos.

Sin embargo, el precedente moderno de la pajita apareció por primera vez a finales del siglo XIX en Estados Unidos. Cuenta la leyenda que Marvin Stone, un fabricante de cigarrillos de papel, estaba bebiendo con amigos utilizando la tradicional pajita de centeno natural. Insatisfecho con la forma en que las pajitas se descomponían y dejaban un residuo arenoso en la bebida, Stone diseñó su primera pajita enrollando tiras de papel alrededor de un lápiz. Luego las pegó y sacó el lápiz.

Después de mejorar esta primera pajita, se puso a prueba en un establecimiento local de bebidas y la acogida fue muy entusiasta. Stone hizo algunas mejoras en el diseño, como recubrir el papel de parafina para evitar que la pajita se empapara y desintegrara.

En 1890 su fábrica estaba produciendo más pajitas que cigarrillos.

Del papel al plástico

Hasta principios de la década de 1960, las pajitas de papel dominaban el mercado. Pero las pajitas de plástico, que ofrecen una experiencia de consumo más duradera, les pisaban los talones.

Finalmentee, a comienzos de la década de los 70, el plástico se impuso. No era solo una cuestión de comodidad: el plástico es una opción de fabricación mucho más barata que el papel, y con la creciente popularidad de su uso, el precio se convirtió en un argumento decisivo.

Pajitas: algunos datos

Las pajitas han pasado de ser un invento popular a un objeto más de nuestra vida cotidiana. Actualmente se estima que unos 5000 millones de pajitas se utilizan cada día en todo el mundo. Forman parte de nuestras vidas en diferentes momentos: fiestas, cócteles, almuerzos… Generalmente momentos de ocio que asociamos a recuerdos agradables.

Sin embargo, cuando terminamos de sorber nuestra bebida y la pajita ha cumplido su función, es hora de desecharla y entonces comienzan los problemas. Como dice Yve, de la Ecocosmopolita, «Cuanto más pequeño es un plástico, menos importancia se le da». Para comprender por qué, veamos algunos datos:

Usos cortos, demasiados recursos

Al igual que la mayoría de artículos desechables, las cifras de las pajitas nos alarman: 1 minuto de fabricación, 20 de uso… y 200 años para descomponerse y desaparecer del entorno.

La energía y los recursos destinados a la producción de cada pajita y su transporte hasta la zona en la que se utilizará acaban en la basura tras menos de media hora de uso.

El fenómeno es muy similar al de las tazas de café para llevar: el reciclaje de los productos desechables está lejos de ser eficiente. Incluso si se recurre a productos biodegradables, el problema sigue siendo el mismo: poniendo recursos y tiempo de uso en la balanza, las cuentas no salen.

El impacto en los ecososistemas

El plástico (normalmente polietileno) de estas pajitas tarda cientos de años en descomponerse. Aunque las pajitas vayan a parar al contenedor de reciclaje, sabemos que este no es su destino final: muchas acaban en ecosistemas naturales. Y mientras se acumulan y conservan su forma, ocasionan graves problemas.

Se estima que las pajitas componen actualmente el 4% de los residuos plásticos que generamos. Puede parecer un porcentaje pequeño pero se traduce en 320.000 toneladas de residuos con una forma mortal para cientos de miles de especies marinas.

Se han encontrado restos de pajitas en los orificios respiratorios de las tortugas y en los estómagos de muchas aves que habitan estos ecosistemas y las consumen de forma accidental. El resultado para estos animales es la muerte o un sufrimiento completamente evitable.

Entonces, ¿qué podemos hacer?

Aunque el uso mayoritario de las pajitas es completamente evitable, todavía existen situaciones o personas que pueden requerirlas. Por ejemplo, las pajitas facilitan la vida de personas con problemas de movilidad reducida o pueden ser de utilidad a la hora de consumir bebidas como el mate.

La cuestión es: ¿podemos utilizar pajitas sin que se conviertan en una fuente de residuos capaz de inundar océanos y acabar con la vida de miles de animales?

La respuesta es sí. Mucho antes de la popularización de las pajitas de plástico, existían opciones reutilizables como las pajitas de metal. De hecho, estas son las que se utilizan en las materas desde hace décadas.

Muchas tiendas (echad un vistazo, por ejemplo, a la tienda Usar y reusar) ofrecen este tipo de pajitas fabricadas en acero inoxidable. Pueden limpiarse fácilmente gracias a un pequeño accesorio.

Pajitas metálicas de Usar y Reusar

También existen las de cristal o incluso silicona. Todas pueden utilizarse, limpiarse y volverse a utilizar. Solo debes llevar la tuya en el bolso o mochila para tenerla a mano cuando quieras utilizarla.

Si no la llevas encima, lo mejor que puedes hacer es decir no. Iniciativas como Bye Bye Straws, impulsadas por la bióloga Ajo Fernández y la fotógrafa Sara Navarro, nos recuerdan que la mejor arma consiste en decir no a este tipo de objetos. Rechazar aquello que no necesitamos es el mejor aliado del zero waste.

Existen más iniciativas para concienciarnos sobre la importancia de frenar el uso de pajitas y otros plásticos, pero la más efectiva es empezar por ti y predicar con el ejemplo. Comparte si crees que este artículo puede ayudar a tus amigos y familiares a conocer más sobre la problemática y sumarse al “no a las pajitas”.

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